Entré sin saber con qué me iba a encontrar, con dudas, curiosidad pero sobre todo ganas. Entré y me fui del mundo, me perdí en el tiempo entre desconocidos. Entré y no tuve miedo. Entré y me encontré con caras, voces, gestos que ya había sentido alguna vez pero que esta vez eran distintos. Desconocidos conocidos.
El desafío fue siempre el mismo, sólo que no tenía nombre. "Pasar de la filosofía del todo a la filosofía de lo necesario." Y así parece que todo cierra, unas simples palabras que lo nombran, lo describen y todo tiene sentido. La mente está encontrando el modo, el correcto. Quiere dejar de ahogarse en lo malo sin que lo sea necesariamente. Pero por momentos el cuerpo no lo entiende o no puede llevarlo a cabo. Se manifiesta ese pasado que todavía es presente en forma de temblequeo y acelere. Pero está intentando llevar esa filosofía (la de lo necesario) a largo plazo...
Esa brecha que había entre la razón y el sentimiento se hace cada vez más chica...